miércoles, 12 de marzo de 2008

Visión particular

La semana pasada, en una de esas caminatas de tres cuadras que hago para ir de la oficina en la que trabajo a las oficinas centrales de la empresa que expide un cheque mensual a mi nombre, me encontré con uno de esos personajes urbanos que obligan a cualquiera a hacer un comentario que mezcla la compasión con la lástima y desde ese día no he podido sacarme nuestro encuentro de la cabeza. Este personaje es una señora que vive en las calles de la colonia Roma, una de tantas personas que hacen lo mismo pero lo que la hace "especial" es que ella no pide dinero, ni le interesa, más bien su oficio es el de arreglar su mundo particular. Esta señora padece de sus facultades mentales, no quiero denominarla "loca" porque considero que habemos algunos que encajamos más en esa clasificación pero ante el público fingimos ser "socialmente aceptados". No era la primera vez que nos encontrabamos pero si la primera donde ambos pudimos apreciar la presencia del otro (en otras ocasiones ella estaba dormida en la entrada de un edificio) aunque ella decidió no ejercer su derecho a prestarme atención puesto que estaba concentrada en explicarle a su compañero cómo debía de realizar alguna actividad que según pude apreciar era de suma importancia. Hasta aquí todo parece un encuentro entre un oficinista mal pagado y un indigente de lo más común en esta ciudad y así fue, lo interesante de este encuentro es el hecho de que el compañero de la señora únicamente estaba en su imaginación. Ahora el relato parece un encuentro entre un oficinista mal pagado y una loca, nuevamente un evento común en una ciudad como ésta y nuevamente así es. La diferencia entre todos esos encuentros que suceden a diario y el mío es el hecho de que para todos los demás esos locos/as son invisibles mientras que para mi esta señora fue motivo de reflexión, y no porque yo sea la persona más interesada en ayudar al prójimo (eso sería la cosa más hipócrita y falsa que pudiera decir) sino porque la señora me hizo envidiar lo que tiene y de lo cual carezco.

No tengo idea de cuantas veces he hecho las cosas por obligación. Estudio por obligación, trabajo por obligación, trato a muchas personas por obligación, vivo por obligación... pero esta señora hace las cosas porque quiere, no se preocupa por donde dormirá, por lo que comerá, por si se bañará; si quiere reprender a alguien para enseñarle el camino de la verdad lo hace sin preguntarle a nadie. Ella es dueña de su vida y no le debe nada a nadie, ni a ella misma, como para tener que andar haciendo cosas que no le gustan. Entiendo que un argumento en contra de lo que estoy diciendo es "pero qué clase de vida lleva la señora" y estoy de acuerdo, si seguimos los estándares sociales con los que hemos crecido entonces la calidad de vida de esta persona está muy por abajo de un nivel "aceptable" pero no se que daría por tener esa motivación que debe dar el poder ver la vida como tu la quieres, poder estar acompañado por quien me plazca, poder estar donde quiero estar y cambiar mi situación a mi antojo. Estoy cansado de ser víctima de esa visión particular que me tocó, donde el futuro más optimista es el morir a los sesenta a más tardar, quiero tener la visión que tiene esa señora del mundo donde el barril de petroleo puede subir sin importarle (no es que me importe mucho realmente pero quién puede evitar escandalizarse con esos precios) y lo que me parece más deprimente de todo este asunto es que sólo una persona "desequilibrada mental" pueda tener un manejo tan eficiente de su entorno.

1 comentario:

Desdetierrasnortenas dijo...

A mi parecer la sociedad sobrevalora el termino (escribo desde una computadora que se resiste a entrar al mundo espanolizado y no tiene acentos ni n.Horror) mentalmente sano. Deambulamos por el mundo como si no quisieramos que nadie pensara que no estamos en nuestros cabales, seguimos resistiendonos a creer en la diferencia. Maldita sea, todo seria mas sencillo si no pensaramos siempre en parecer demasiado normales.
Deberiamos vivir en la locura, en la irresponsabilidad que suele traernos muchas satisfacciones.