domingo, 4 de mayo de 2008

Todo, eventualmente, regresa a la normalidad

He vuelto tras cuatro días de borrachera continua (uno antes de irme y tres en Aguascalientes) y aún no me cae el veinte de mi regreso. Yo no quería regresar, en este momento podría estar empezando nuevamente a llenar mi sistema de alcohol y no detenerme hasta las 4:30 a.m. de mañana, dormir cinco horas y repetir el ciclo.

Durante el viaje tuve unas cuantas revelaciones, algunas fueron de esas que ponen en riesgo la felicidad del momento, otro par sólo reforzaron ideas que ya tenía en mente. Todas ellas tienen importancia y a lo largo de la semana expondré cada una a detalle, pero en general el viaje puede ser considerado un éxito a pesar de que hay un par de objetivos que no logré concretar.

A mi regreso me encontré con que alguien invadió la privacidad de mi dormitorio en mi ausencia. La principal y única sospechosa: mi madre; su excusa: limpieza. Dentro de las muchas cosas que no soporto está que muevan las cosas de como las tengo y mi madre disfruta de que todo esté como ella cree que debe estar por lo cual a la primer oportunidad mete mano donde no debe y provoca el enojo del afectado para después hacerse la martir si se le reclama. A pesar de que conozco el sistema me es imposible dejar las cosas así ya que esta vez no se limitó a mover las cosas superficialmente sino que ahora hasta los cajones fueron presa de su entrometimiento y si no marco un límite pronto me veré invadido con más frecuencia.

Lo anterior es la primera señal de que he regresado. Sigo sin darme cuenta de lo que significa estar de nuevo instalado en la rutina de un hogar donde no estoy a gusto pero dentro de unas horas, al despertar para ir a trabajar, recibiré esa cubetada de agua fría con el mensaje "malvenido a tu triste vida". Mientras eso sucede seguiré disfrutando de los recuerdos de este buen viaje antes de que sean abrumados por el peso de la melancolía.

2 comentarios:

jon dijo...

Es extraña la sensación después que termina eventos poco comunes como una fiesta o un viaje, sientes una soledad inexplicable donde la rutina ya no te llena y cuesta trabajo regresar a ser quien realmente pretendes ser en una vida cotidiana en la que nos mantenemos por pura seguridad.

Violet Veela dijo...

La horrible sensación de regresar de un viaje no es deseable para nadie. Es como regresar a lo que odias, después de una breve huída.
Buena semana, aún así.