miércoles, 14 de mayo de 2008

Hace un año...

... que debí haber muerto.

Lo que comenzó como un simple dolor de estomago un miercoles terminó en una operación de urgencia un lunes pasado medio día. Es gracioso como se dieron las cosas, un dolor leve que iba y venia confundido con un una posible diarrea que jamás llego y una colitis que hacía mucho no se manifestaba resultando en una apendicitis que nadie imaginó. Una noche eterna de domingo, gracias al dolor, hasta que por la mañana encontré un acomodo que me permitió dormir por un rato hasta que mi madre me despertó para ir al hospital; de no ser por ella hubiera continuado esa siesta por un tiempo indefinido sin saber que por dentro me estaba pudriendo.

Siete de la mañana en urgencias, me avisan que no podría salir hasta el día siguiente. ¿La razón? Apendicitis aguda gracias a cinco días de putrefacción. Nada de que preocuparse, sería una cirugía de media hora.

Dos treinta de la tarde en quirofano, lo último que veo es al anestesiologo. Creo que se rió de mi.

Cuatro de la tarde, despierto. Miro el reloj, saco cuentas y pregunto "¿Por qué tanto tiempo? ¿Se les complicó?" El enfermero me mira indiferente.

Lo único que recuerdo de la transición quirófano-cuarto es lo bien que dormí en la sala de recuperación. Sin temor a equivocarme, es de las veces en que mejor he descansado. Cuando me encuentro con mi madre lo primero que me dice es "la libraste, ya se te había reventado". El doctor posteriormente me explicaría que durante mi espera para entrar a quirófano el apéndice se rompió provocandome una peritonitis, que no sentí nada por el suero que ya me estaban poniendo y que de no haber estado en el hospital cuando pasó las cosas se hubieran puesto bastante interesantes. Concluye con "pero finalmente todo salió bien".

Días después, ya en casa, dándole vueltas a todo como de costumbre reflexioné "¿y si me hubiera aguantado el dolor otro día?" Siempre he pensado en la forma en que moriré y ese día pude haberlo hecho realmente. ¿Qué hubiera pasado si me hubiera quedado dormido de verdad y en lugar de despertarme mi madre hubiera supuesto que era mejor dejarme dormir? ¿y si yo hubiera evitado ir al hospital a sabiendas de que podría morir? ¿Vale la pena ser rescatado de una muerte casi segura si no se tiene una razón para seguir? Todas esas preguntas han pasado por mi cabeza muchas veces a lo largo de este año. Tengo mil razones para creer que hubiera dado lo mismo morir ese día que haber continuado como lo hice. A lo largo de este año todo ha empeorado y creo que lo seguirá haciendo sin importar el empeño que ponga para evitarlo. La pregunta que más me he hecho es "si se repitiera ese día pero supieras el posible desenlace, ¿te dejarías morir?" Muchas veces mi respuesta ha sido "SI" pese a que lo que más temo es al dolor físico. Se que mi respuesta ahorita no tiene sentido pero probablemente si me vuelvo a enfrentar con algo mortal y relativamente veloz e indoloro (me niego a morir por una enfermedad cronica incapacitante) le permita terminar con mi vacía vida.

A todo esto, no se si conmemorar mi "segunda oportunidad" o llorar que sigo aquí...

1 comentario:

Violet Veela dijo...

Hay algo en tu post que me gustó mucho y me cuesta definir, creo que está escrito con mucha sinceridad. ¿Seguir vivo?, buena pregunta.
No me quiero poner demasiado teórica pero he de responder con la pregunta que Victor Frankl, quien preguntaba a sus pacientes "¿por qué no se suicida usted hoy?", creo que esa es la pregunta que NO debes hacerte porque eres propenso a la fatalidad.
No tengo la respuesta a tu padecimiento, sólo puedo decirte que soy un irredenta creyente del destino, supongo que aún tienes algo que hacer en esta tierra. Espera, eso es demasiado positivo para los dos.
Deberías contar la siguiente parte del relato donde todo se complica aún más, igual y reafirma el hecho de que debes seguir vivo.
No sé qué más agregar, felicidades..creo.
Pd. Checa mi facebook, tiene fantasmas del pasado.