domingo, 25 de mayo de 2008

Arrancando costras

Tengo la manía de arrancarme toda costra que encuentro en mi cuerpo. No importa que exista el riesgo de infección, no puedo evitar estarme rascando hasta dejar la herida viva nuevamente. Esta operación se repite hasta que la herida sana y deja una marca que, espero, será para siempre. Desconozco de donde viene este "gusto" por las cicatrices pero en cierto modo me siento orgulloso de las que tengo, en particular de una en mi brazo izquierdo que mide poco más cinco centímetros y que tiene una anecdota bastante pintoresca.

El jueves llevé esta manía a un nivel más alla del físico. Me considero un masoquista psicológico más que físico ya que desde mi punto de vista la peor tortura que uno puede recibir es un castigo físico y el dolor es una de las cosas a las que más le temo; de esta forma prefiero sufrir mentalmente y por esa razón decidí arrancarme la costra de una herida que, hasta ese momento, no había vuelto a sangrar.

Tras un mes de haber cortado y de no saber nada de ella directamente (me llegó un chisme por medio de dos amistades) el jueves me atreví a hablarle a mi ex. La conversación fue vía mensajero instantaneo pero aún así fue difícil oprimir enter y esperar su respuesta. Por patético que suene, me sentí bien por hablar con ella como si nada hubiera pasado sólo que no esperaba que esa plática tuviese efectos secundarios retardados. Los tres días que van desde entonces he estado pensando en ella llegando al punto de que anoche apareció en uno de mis sueños, y eso que normalmente no recuerdo lo que sueño. La melancolía me ha atacado acompañada de ese vacío que le da nombre a este blog retrasando el proceso de superación que iba tan bien hasta antes de ese día.

La curiosidad mató al gato... y a mi me trajo otra cosa más en que pensar. No me queda más que esperar a que la herida cierre de nuevo y hacerme cortadas en los brazos para quitarme costras de verdad que la única consecuencia que tengan sea una linda infección sin consecuencias mentales.

1 comentario:

Violet Veela dijo...

Vaya, pues eso de la melaconlía está cañón. Un amigo mío me contó que llegó a las tres de la mañana, totalemente alcoholizado, a contarle al señor de la tienda lo mucho que extrañaba a su novia (con la cual terminó hace dos años). No llegues a ese punto, es terrible. Aléjate del mensajero. Es preferible lo de las costras.