miércoles, 2 de abril de 2008

Encerrado con mis pensamientos

Una de las actividades que menos disfruto es ir al cine. Considero que se paga un sobreprecio por ver una película con altas probabilidades de ser mala en un lugar que a mi juicio es incómodo y rodeado de gente que puede arruinarte la tarde con una risa molesta o una charla sin fín. Aunque cuando se és un tipo aburrido como yo y se tiene una novia con poca imaginación se termina por resignarse y asistir al citado lugar con más frecuencia de la que quisiera.



Mi lista de quejas del cine es larga pero dicha lista sólo esconde la verdadera razón por la que no me agrada ir. Detesto ese gran cuarto oscuro porque no hay peor lugar para sentirse solo que uno donde estes rodeado de gente con la que únicamente compartes la desgracia de estar ahí. Esa misma es la razón por la cual leo en el metro. Estar rodeado de gente que lo único que hace es recordarte lo jodida que es la vida con el promedio de la población me pone a pensar en mi propia jodidez y el tema que en ese momento me esté amargando. Lo que hace que el cine sea peor que el metro es que en el primero no ves movimiento fuera de la pantalla y si tengo la mala fortuna de caer en una película mala no hay manera de evitar que ese "yo" depresivo y existencialista salga y trabaje en el tema del momento mientras que en el segundo uno puede distraerse riendose de los bichos raros que habitan esta ciudad o viendo las estaciones pasar.

Finalmente, si voy al cine salgo peor de como entré. Precisamente eso sucedió el día de hoy donde ya había logrado evadir los amargos pensamientos sobre "¿qué quiero de mi vida?" que me han estado acosando esta semana pero como el destino es cruel resultó que, como agradecimiento por el esfuerzo de mi división en un proyecto, mi jefa nos invitó al cine sin decirnos a donde iríamos cuando salimos de la oficina... si tan sólo se hubiera limitado a un "gracias, que buen trabajo" o "por su esfuerzo pueden irse temprano"... así que no me quedó más que soportar dos horas de pensamientos que terminaron con mi supuesto buen humor. Ahora necesito un poco de esa felicidad embotellada en presentación caguama, a ver si recupero un poco la inconsciencia.

3 comentarios:

Violet Veela dijo...

Jajajaja, vivan las caguamas. Mmm, el cine, la verdad es que los cuartos oscuros donde la mayoría de las personas se sienten demasiado cómodas como para no pensar puede ser fatal para los "sobrepensadores" como tú. La oscuridad acelera todo pensamiento. No te amargues,ve a la cineteca donde al menos es más barato y las películas son menos malas.
En el metro la gente parece más triste, claro viaja en el metro.

Janus dijo...

No había pensado en la oscuridad como exponenciador del proceso de "pensamiento amargo" y ahora que lo mencionas eso tiene mucho sentido. Trataría de evitar la oscuridad pero honestamente la prefiero a un lugar demasiado iluminado así que al parecer estoy condenado.

Fire_tony dijo...

A mí me gusta estar solo conmigo. El cine me encanta, no es como ver una película en tu casa, en el cine te sientes mejor, además el precio no es tan elevado ya que rentar una película sale casi en lo mismo, claro que rentada la pueden ver más.

Hay buenas y malas películas, como todo en la vida, ¿cómo saber la diferencia? El que busca encuentra.

¡Salud!