Y ayer casi a la media noche se terminó mi noviazgo de una semana. Una semana donde me desconecté prácticamente de todo: No he ido a la agencia de seguros en dos semanas, no llegué a la casa en cuatro de los siete días de la semana y mucho menos he visto algo de mis proyectos. Todo lo anterior ha dado como resultado una mejora anímica, y cómo no si me evité la pena de llegar a diciembre y buscar anotar con alguna chica medio borracha que guste de llevarse hombres todavía más borrachos a la cama. Juro que no lo vuelvo a hacer.
Piloto Automático: Aun funcionando
Esta relación de una semana logró que dejara de pensar y me enfocara a disfrutar lo que estaba viviendo, osea que me puso en piloto automático con el suficiente juicio para tomar decisiones de acuerdo al momento. Qué entretenido es vivir sin andar pensando en qué pasaría si hago esto y sus derivados. Aunque tengo claro que el sistema no es permanente, justamente anoche en el aeropuerto comenzó a fallar y M. todavía no había cruzado la puerta de salida cuando yo ya andaba pensando estupideces.
El sistema sigue funcionando, no sé por cuánto tiempo. Sé que será poco pero debo aprovechar la inercia para por lo menos llamarle al cuate que hace un mes me dijo que podría existir una posibilidad de trabajar con él. Digo, si vamos a empezar con la búsqueda de empleo en forma que sea por donde ya sabemos que puede haber algo.
Y así termina este programa especial. Volvemos con la triste programación habitual.
Aunque pudo parecer demasiado desobligado de mi parte el haberme tomado estos días sin avisar, estas vacaciones
no planeadas me cayeron excelentes. Mi ánimo a mejorado bastante no en
el sentido de que ahora vea el mundo color de rosa y ahora quiera ir
sonriendo por la vida, eso no va a pasar, lo que quiero decir es que
tengo un poco más de ganas para ponerme a hacer lo que tengo que hacer:
buscar empleo, ponerme al corriente en los proyectos, retomar mi entrenamiento para la carrera de 13 km de noviembre y probablemente
hasta ponerme a estudiar.
Y así es como despues de visitar la Torre Latino, Bellas Artes, El Zócalo, La Básilica, Las pirámides de Teotihuacan, conocer gente que aunque ya conocía de vista nunca me había dado la oportunidad de tratar y retomar un viejo amorío que resulta se terminó en ese entonces por un malentendido (probablemente eso sea material de otro post) es como llegamos al final de este programa especial. A partir de hoy volvemos con la triste programación habitual en la cual les adelanto vienen problemas con mi madre, quien ya me incluyó en su lista de problemas porque ya soy igual que mi hermano.
Sigan sintonizándonos.
Pagué siete mil pesos para que me dijeran que apesto
Hace 3 semanas

