Como ya se ha mencionado con anterioridad en este blog, uno de mis más grandes vicios es sobreanalizar las cosas. Cuando no tengo nada que hacer mi mente de inmediato encuentra algún tema al cual darle vueltas, muchas vueltas, hasta que ya no se cual era la intención original de dicho ejercicio llegando a creer que probablemente nunca hubo un objetivo claro para llevarlo a cabo. Por eso trato de mantener mi mente ocupada cuando viajo en metro y si me llegasen a encontrar en dicho transporte podrían identificarme porque casi siempre ando cargando un libro que me aleje de los malos pensamientos.
El pasado martes ni ese libro nuevo completamente desconocido para mí pudo evitar que mi cabeza divagara. En últimas fechas lo primero que me viene a la mente es algo que me provoque tristeza: comienzo a hacerme preguntas, a imaginarme posibles escenarios para esos
hubieras, creo una baraja de opciones para salir de agujero para finalmente explicarme por qué todas van a fracasar. Este martes el tema seleccionado fue uno de mis favoritos, M2. Si, ya se que chole con ese tema, ya lo he pensando y precisamente de ese análisis del análisis es de lo que trata este post.
Ese día, al realizar el transbordo de la línea B a la linea 8 del metro rumbo al trabajo y llevar todo el camino hasta ese momento causandome
dolor por el tema ya mencionado me puse a pensar sobre el por qué de mi inclinación a estar pensando estupideces que me hagan sentir triste. Las conclusiones no me gustaron puesto que no encontré otra razón que no fuera el hecho de que en algún nivel, seguramente rayando en lo patológico, disfruto de estar triste creandome problemas que no tengo.
Platiqué al respecto con
Shikamaru quien procedió a darme un regaño sobre lo inútil que es mantenerme en ese estado donde ni me hundo en mi mierda ni hago nada para salir de ella*. De nada me sirve estar arrancándome las costras de esas heridas que ya deberían estar por cerrar si no encuentro en dicha actividad una razón que me obligue a esfozarme por remediar esa situación de
incomodidad.
Ahora nuevamente me encuentro en ese punto donde no se a qué viene todo este análisis ya que no veo de que me sirva estar consciente de este hecho si no haré nada por convertirlo en motor de mos actividades en busca de algo mejor. Afortunadamente esta semana tengo cita con la psicóloga con quien podré dialogar seriamente al respecto, ya les postearé lo que me diga si vale la pena.
*Esta es la interpretación del autor, puede que el citado sujeto no haya dicho precisamente lo aqui expresado.