
Hace ya doce años de esto, en un día del niño como cualquier otro en esa primaria a la que yo asistía. Los festejos del día del niño se caracterizaban por intentar ser innovadores. Un año antes uno de los directores había hecho las funciones de mago portando su respectivo sombrero y una horrible corbata de Mickey para realizar trucos baratos que sólo impresionaron a la maestra de matemáticas de tercero, con quien todos suponíamos tenía algo que ver.
Este año no fue la excepción y los festejos fueron en grande. Se presentó un show lo suficientemente aburrido para lograr que la mitad de los ahí presentes prefiriéramos pararnos de nuestro lugar. Mi mejor amigo de ese entonces y yo decidimos caminar buscando algo con que distraernos. Nuestras súplicas fueron escuchadas al encontrar un tesoro métalico junto a una jardinera: un monton de corcholatas que pedían a gritos ser arrojadas. Haciendo caso a nuestros instintos tomamos un puño y comenzamos a buscar nuestra primera víctima y una vez localizada proseguimos a disparar.Sólo recuerdo haber lanzado dos proyectiles y festejar haberle dado en la espalda a mi objetivo cuando de pronto una mano ataviada con una colorida manga tomó por el brazo a mi amigo. Se trataba de uno de los payasos del evento, quien nos formó afuera de la oficina del director (uno distinto al mago aficionado) junto con otros cuantos niños para esperar ser atendidos y recibir nuestro castigo.
Ese día recibí la primera y única suspensión de mi vida académica: 5 días de descanso en casa sólo por lanzar fichas. Siempre me pareció injusto un castigo tan severo por una travesura infantil (posteriormente la mamá de mi amigo conseguiría que nos lo redujeran a 3 días) pero lo más injusto de todo esto fue la forma en que fuimos descubiertos: ¿Quién a sus 10 años iba a pensar que el payaso del evento sería el profesor de música cumpliendo las funciones de agente encubierto?
Ese día recibí la primera y única suspensión de mi vida académica: 5 días de descanso en casa sólo por lanzar fichas. Siempre me pareció injusto un castigo tan severo por una travesura infantil (posteriormente la mamá de mi amigo conseguiría que nos lo redujeran a 3 días) pero lo más injusto de todo esto fue la forma en que fuimos descubiertos: ¿Quién a sus 10 años iba a pensar que el payaso del evento sería el profesor de música cumpliendo las funciones de agente encubierto?