sábado, 2 de noviembre de 2013

2 de noviembre

Hace justo un año como por esta hora mi vida estaba dando otro giro dramático: mi novia estaba sufriendo un aborto espontaneo. Este suceso vendría a devolverme al camino del que apenas 2 meses atrás me había salido, cuando la prueba de embarazo confirmó que de esas vacaciones en Playa del Carmen habíamos regresado 3 en lugar de sólo 2. Ese día volvía al status de joven adulto soltero y sin hijos cuando ya me había mentalizado a ser padre a los 26.

Dicen que todos tenemos una misión en este mundo y ese niño o niña al que le aporté la mitad de los genes y que por alguna razón decidió no ver la luz del sol cumplió la que creo era su misión: unirme con la que sería su madre. ¿Por qué lo creo? Porque así fue y prefiero pensar que esa fue la señal que la vida me dio para decirme que A. es la mujer con la que debo intentar tener todo aquello que no quería y que ahora no me suena tan descabellado tener.

No olvidaré el 2 de noviembre, no por aquellos que se me adelantaron sino por ese individuo de casi 3 meses de gestación que en tan poco tiempo me cambió la vida.